
Considerado como el Padre de la Patria, prácticamente no hay ciudad en los Estados Unidos que no brinde, de la manera que sea, su homenaje a George Washington, el primer presidente del país. Por supuesto que uno de estos reconocimientos más espectaculares lo encontramos en Washington D.C., la ciudad que lleva su nombre, como no iba a ser de otro modo.
El Monumento a George Washington en la capital de los Estados Unidos es uno de los famosos de todo el país, y ha salido en no pocas películas por ejemplo. El conjunto que conforman el obelisco de más de 150 metros de altura y la gran piscina en el que se refleja, conocida por ello como Reflecting Pool, es sin dudad una de las postales más vendidas en esta ciudad, y una foto muy buscada.
En octubre de 1888 se abrió por primera vez al público este complejo monumental cuya construcción duró aproximadamente unos 40 años. No hubo muchos fondos para llevar a cabo esta importante obra así que, por ejemplo, no la pudo ver terminada el arquitecto que la diseñó, Robert Mills.
El Monumento a Washington no sólo se puede contemplar desde fuera, sino que también podemos subir a la parte más alta del obelisco, y además gratis, siempre que seas muy madrugador. Desde las 8:30 horas, una media hora antes de que abra sus puertas, se repartirán los tickets, y teniendo en cuenta que el número de visitas es limitado, puede ser que te veas sin entrada después de esperar la cola.
Hay una manera de evitar todo eso, y es reservando en la web del National Park Service, la entidad que gestiona este monumento, y que sólo nos costará 1’50 dólares, así que, por ese precio, merece ciertamente mucho la pena el ser previsor.








