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08
2008

Un icono de Nueva York: El Puente de Brooklyn

Dalith Colordo Prutsky

Corría el año 1852 y las ciudades de Manhattan y Brooklyn eran aún independientes entre sí. Transportarse de una ciudad a otra suponía realizar un viaje en pequeñas embarcaciones que en época de invierno eran inutilizables debido al hielo, de esta manera atravesar el East River era una tarea imposible. Una de las tantas personas que intentó cruzar sin éxito fue el ingeniero John Augustus Roebling, a quien se le ocurrió la idea de la construcción del Puente de Brooklyn. El factor económico fue la primera traba para la construcción de la obra, encontrando a William C. Kingsley a su mayor promotor. Sus grandes influencias políticas lograron la contratación de una empresa privada destinada a iniciar las obras.

 
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Durante su construcción resultaron 35 hombres heridos y 20 hombres muertos, además del propio John Roebling, muerto cinco días después de iniciada la obra. Su hijo Washington Roebling, quedó a cargo de la construcción, iniciando acciones el 3 de enero de 1870. Tiempo después, Washington, víctima de una enfermedad conocida como aeroembolismo, producida por el cambio de presión en el agua, quedó postrado en su cama vigilando el avance de la obra desde su cuarto a través de su ventana, su esposa Emily fue la encargada de terminar de supervisar el término del puente. 


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Su inauguración se produjo el año 1883 y se convirtió en el  puente colgado más grande del mundo, con 1,825 metros de largo. Seis meses después morirían 12 personas como producto de una avalancha humana, luego que se corriera el rumor del derrumbe del puente. En un inicio transitaban por el puente caballos y tranvías, vías que fueron cambiadas por carriles para autos en el primer nivel y para peatones y bicicletas en el segundo nivel.


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En la actualidad el puente no solo sirve como unión entre los actuales barrios de Mahattan y Brooklyn, sino que también es considerado como icono de la ciudad y desde donde se tiene una hermosa vista de la ciudad de Nueva York. Su presencia en el cine norteamericano es innegable. Filmes clásicos como “Manhattan” de Woody Allen, la versión americana de Godzilla, y la escena inicial de “Saturday Nigth Fever”, la han llevado a la pantalla grande y a los ojos del miles de espectadores.

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